El recorrido es corto y verificable: desde la madera elegida hasta el bloque que ya se sostiene solo sobre la mesa. Sin pasos ocultos ni acabados que disimulen el material.
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Selección y corte
Se elige madera de pino y haya sin tratar, con la veta visible y sin nudos que puedan abrirse con el uso. El corte define cubos, cilindros, prismas y arcos con medidas pensadas para manos pequeñas.
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Lijado y cantos
Cada cara se lija a mano hasta que la superficie queda suave al tacto. Los cantos se redondean uno por uno para que el bloque ruede, encaje y se apoye sin aristas que molesten.
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Control de ensamble
Las piezas se prueban entre sí: apilar, alinear, encajar por gravedad. Si una no cede o no sostiene, vuelve al banco. Nada se sella con barniz ni tinte, así el material respira y envejece a la vista.
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Revisión final
Antes de guardar el conjunto se repasa cada bloque buscando astillas o variaciones de grosor. Solo queda lo que resiste el juego repetido, en casa o en un aula de primera infancia.